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Entrevista a José “Pepe” Mujica: “No se puede perseguir a un muchacho o meterlo preso por fumar cannabis”

Entrevista a José “Pepe” Mujica

Un minuto y medio de silencio en el teléfono, que está llamando al otro lado del Río de La Plata, a Uruguay, es lo que demora la comunicación inicial con el ex presidente de la República Oriental del Uruguay, José “Pepe” Mújica. El lunes sus allegados confirmaron que estaba dispuesto a entrevistarse con Yo Me Planto pero dos días después es él quien dice que para hablar sobre cannabis hay que consultarle al gobierno, que prefiere que un funcionario explique cómo el país pionero en regularizar la planta para todos sus usos está llevando adelante el negocio. Insisto y monosilábico, acepta.

—Bueno.

—Usted habla en varias entrevistas de arrebatarle el mercado al narcotráfico, ¿cree que se presentó batalla durante sus años de gobierno?

—Yo creo que hoy por hoy, en el Uruguay, para consumo uruguayo, ha caído verticalmente la cuestión del cannabis por lo siguiente: suele ser de pésima calidad, es caro y riesgoso, y a la gente le conviene más un producto garantido, que no lo jode, que no es una estopa. Por otro lado están los clubes de cannabis y hay un margen de autoproducción para los consumidores. En realidad ha disminuido la presencia de cannabis contrabandeado, lo cual no quiere decir que no se esté utilizando el Uruguay para la droga, eso es otra cosa, como escalón de pasada. 

—¿Cuál fue la recepción de sus hombres de confianza y de la gente del gabinete cuando les dijo que iba a regular el mercado en 2013?

—Es sencillo. Nosotros teníamos un pequeño gabinete de seguridad, donde estaba el entonces ministro de Defensa, el ministro del Interior, y alguna gente más, y discutíamos temas de línea ahí. Y en una discusión, el ministro de Defensa planteo aquella frase de Einstein: “Si tú quieres cambiar no puedes seguir haciendo lo mismo”, y cuando  se llevan más de 80 años reprimiendo con un estrepitoso fracaso, con un costo tremendo, creando aparatos que después tienen que justificar por qué existen, en realidad hay que cambiar. 

Mujica cita al premio nobel de economía Milton Friedman para sostener que las políticas represivas que impulsó y sigue ejerciendo el prohibicionismo crean un monopolio de mercado “a favor de los audaces” que contribuye a gastar dinero en represión y sacarlo, por ejemplo, de recursos dedicados a la atención médica que quiten de la clandestinidad a los usuarios. “Con el señor Friedman tengo rotundas discrepancias en materia de línea económica pero uno a veces tiene que aprender hasta del adversario”, explica el ex Tupamaro. Luego aclara su línea de pensamiento sobre el cannabis: “En definitiva yo no recomiendo ninguna droga, pero no se puede perseguir a un muchacho o meterlo preso por fumar cannabis”.

—Hay una nota de la revista Time donde se lo mencionaba a usted como “El revolucionario que legalizó el porro”.  ¿Realmente se vivió así en Uruguay? ¿Cómo se dio ese proceso?

—Había mucha resistencia social. La oposición lo tomo como bandera en contra, y había un cierto temor social. Ahora, con el paso del tiempo, en realidad se fue incorporando a la sociedad como un uso más y en realidad el mundo está girando hacia ahí. Nosotros vanguardizamos una decisión que estaba mandando en muchos lugares. Lo único que lamento es que perdimos demasiado tiempo porque paralelamente empezó a caer gente que quería invertir no en el cannabis recreativo, sino amparados por la ley en la producción medicinal. Y podría haber sido un asunto fantástico si Uruguay hubiera aprovechado la ventaja de tener una ley que le daba cobertura a este asunto, pero hubo mucho titubeo porque había resistencia, no de esa resistencia que se expresa por el no, pero que se expresa con los cajones que cierran un expediente y no funcionan, todas esas cositas. En una sociedad hay resistencias claras, persisten las otras que también juegan. Todo cambio genera miedo.

La Suiza de América

Así definía el ex presidente uruguayo a su país en el documental “Pepe, una vida suprema”, donde relata su historia con la guerrilla Tupamaros, sus 10 años de prisión en soledad, la relación con su compañera de vida Lucía Topolansky y las ideas que llevó al sitio del poder supremo en la casa de gobierno oriental. Para Mujica, antes de la década del 50’, Uruguay practicaba una política socialdemócrata de tanta potencia que, de haber sido un país más grande, habría exportado su modelo político hacia otros estados. 

—En Uruguay hay una fuerte cultura laica…

—Sí, es el país más laico de América Latina.

—¿Eso funcionó como una especie de terreno fértil para impulsar lo que fue la ley de 2013?

—Bueno lo que pasa que, los países son hijos de su historia. Y el Uruguay tuvo por el 1910, después de muchas guerras civiles, muchas cosas, un gobierno que se podría catalogar de socialdemócrata en 1910. Un gobierno que tuvo un Presidente que se juntó con una mujer que tenía dos hijos, que escribía Dios con minúscula, que decía que el sindicato es el abogado del pobre. Hay que ubicarse en 1910, ¿no? Un verdadero turista, y que influyo como 20 años en la historia política de Uruguay con su partido y todo lo demás, y por ejemplo se dio cuenta que la energía eléctrica iba a ser fundamental y la nacionalizó, y hasta hoy esa compañía existe y es del estado, UTE. Lo mismo pasó con el agua corriente, lo mismo paso con los bancos, lo mismo paso con la refinación de petróleo. Como el nuestro era un país chico, la burguesía no se atrevía a meter el estado. Unas reformas que para su época eran revolucionarias. Y quedaron en Uruguay cosas como esta: reconoció la prostitución y la organizo, no se le ocurrió prohibir el alcohol, nacionalizo la producción de caña, grapa, y de ahí el estado sacaba un rédito para apoyar la salud pública. Todo eso le dio a Uruguay una característica muy particular, bastante diferenciada, nosotros heredamos de nuestros abuelos esas cosas, y entonces esto de reconocer el cannabis en realidad es una “vicuca” a lo que hizo el allá por 1913, de organizar la prostitución, de separar la iglesia del  estado. En Uruguay no se dice Semana Santa, se dice semana de turismo, hizo un batuque bárbaro. 

El linkeo que hace el ex jefe de estado uruguayo es con las denominadas “reformas batllistas”, que mayormente sucedieron en la segunda presidencia de José Batlle y Ordoñez entre 1911 y 1915. Allí nacionalizó empresas, produjo reformas laborales de peso, secularizó el estado e implementó la ley de divorcio. En su vida personal, Batlle se casó con Matilde Pacheco Stewart, quien había tenido cinco hijos fruto de su matrimonio con Ruperto Michaelson, primo de Battle. Tanto Matilde como el ex mandatario uruguayo criaron a 11 hijos en esas primeras décadas del siglo XX. Para Mujica, en ese modo de vida y en esas reformas políticas está parte de la matriz que llevó a concretar el cambio sustancial de regularizar el mercado del cannabis un siglo después.

—Además de disputarle el mercado al narcotráfico, ¿también hubo una mirada de incluir lo que sería el cannabis en la matriz productiva de Uruguay?

—Sí, evidentemente. El tiempo medio se nos fue pero había una cantidad de proyectos de gente que quería invertir para cannabis medicinal que es todo un horizonte y todavía queda en el horizonte el cáñamo, una fibra noble, que la tenemos castigada por culpa de la droga. Una materia prima fundamental. Los primeros barqueros del mundo se hicieron con tejido de cáñamo, pero lo descartaron porque duraba demasiado. Las velas de las viejas carabelas funcionaban con tejido de cáñamo.

—¿Cree que los distintos modelos de cannabis latinoamericano van en razón de ser políticas progresistas o solo en el sentido de un negocio millonario?

—Yo creo que nosotros vivimos en un tiempo en que el mercado mueve la batuta y al final es el que manda. Nosotros nos planteamos esto por el problema lamentable que significa el narcotráfico  y lo que producía en la gente joven. Es evidente que se van a mover intereses para ganar plata. Esto no tiene vuelta, acá no hay desayuno gratis.

Durante todo el diálogo José “Pepe” Mujica se muestra amable, cercano y dispuesto. Para entender qué llevó a su gobierno a regularizar el cannabis para todos sus usos con la aprobación de la ley 19.172 en el Parlamento uruguayo el 10 de diciembre del 2013, hay que repasar la historia política, cultural y social de su país, pero también la suya. 

Mujica, el que entraba a asaltar bancos con una calibre 45 con los Tupamaros, el que trabaja su tierra, el que siempre vivió en la misma chacra aun cuando era Presidente, el que marcó un hito con el cannabis más allá de estar en contra del consumo de drogas. Entender el por qué de esa decisión pionera también requiere un repaso por sus innumerables vidas.

— ¡Muchas gracias por su tiempo, Mujica!

—¡Gracias, amigo!

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